A este régimen de masones no le interesa dar satisfacción a los obreros, sino perseguir a Cristo: la revolución hecha no es más que la guerra contra los frailes y los templos.

“Mientras Castilla esté dormida, dormirá España”

viernes, 8 de abril de 2016

Onésimo Redondo y Castilla

Castilla en el pensamiento falangista de Onésimo Redondo

 

Onésimo no tuvo tiempo, porque le atropellaba la densidad de sus ideas y la clarividencia del espíritu y de la fisiología del Estado Nuevo, para las imágenes literarias, para la metáfora, para la retórica y la poética. Y no porque despreciara estas versiones del espíritu que admiraba en quienes se lanzaban por su pendiente, sino porque tenía sus horas contadas y parecía saber que su pluma tenía un número determinado de palabras que había que aprovechar. 

A él le tocó en la Revolución el caudillaje de las ideas netamente políticas y cumplió con su deber sobriamente, sin descomponer su andadura con ninguna desviación literaria.
 

Sin embargo, es fácil advertir la enorme vena literaria contenida en los escritos de Onésimo, que reprime en cada línea y aguanta el corcel de una inspiración poética piafante detrás de las formulaciones secas y transparentes.
 

También en su trato Onésimo era un hombre contenido. Su volcán interior entraba en erupción cuando hablaba de la Patria. Entonces se le veía físicamente, detrás de una mirada aparentemente quieta y brillante, cómo le hervía en el alma una pasión delirante por la áspera y maternal tierra de España, hablando de la cual a veces casi sollozaba.
José Antonio Girón de Velasco.




Un viaje a las Hurdes



A través de muchas tierras. 
Cada tierra tiene sus notas singulares, su tipismo. No es al entrar en las Hurdes cuando encontraremos las primeras novedades de suelo, seres vivientes, caseríos. Antes cruzamos de lado a lado "la tierra de Salamanca", prolijo mosaico de comarcas, separadas cada una de las vecinas por mil peculiaridades de paisaje, tipos humanos, costumbres. y saliendo, como nosotros, de Medina, atravesamos rápidos el último trozo de la "tierra de Pinares", bordeamos la ancha zona arenosa, de querencia húmeda, que desde aquí se extiende hasta los pantanos de "tierra Portillo".

 
Sigue la extensa arena, pero arena fértil, de este rincón de Ávila, prolongación natural de "tierra de Medina". Desaparece el viñedo; buenos campos de pan. Siguen las torres de ladrillo señalando la traza medinense de la comarca.



Madrigal de las Altas Torres, la cuna de la Reina imperial, villa suprema de los anales de la raza, humillada y como renegada de su historia, pasa fugazmente ante nuestra vista. No hay hoy altas torres, hay reinas de murallas y de monasterio.



Y sobre ellas, después de ellas, que pregonan el abandono y el derrotismo de una raza avergonzada de sus grandezas, habrá ... ¡eso sí! Casa del Pueblo. El domicilio de la ferocidad lugareña, de la grosería organizada, y también de la pobre ilusión redentora que alimentan los desposeídos volviendo con rencor las espaldas al pasado.



En tierra bucólica. Peñaranda, Alba de Tormes. 
Ha comenzado la "tierra bucólica". El río de la arcaica tierra, el Tormes pacífico, bordeado de encinares, salpicado de reflejos feudales, manso y caliente ... Decimos adiós al castillo modesto de los Duques de Alba, a la villa humilde de la otra española imperial, Teresa la Grande. Ya estamos en el mar de tejos suaves y ondulantes, de prados frescos con tierra regia: estas son "las castas soleadas hondas", "las grises lontananzas muertas" la tierra de Gabriel y Galán.



Es la tierra de los grandes rebaños de ganado salmanquino, las "puntas" de bueyes por los caminos, la vaca morucha, el toro de lidia, las piaras de cerdos en los encinares. Tierra todavía de pastores.



Guijuelo: una concentración mercantil de la riqueza ganadera. Villa de tocineros, tratantes y corresponsales de banca. Aquí comienza otra "región": pasamos de la tierra charra a la serranía. En la tierra fragosa.



Ya se nos echa encima la tierra de Béjar, nevada de desgarrones, en el centro; allá, en la lontananza del saliente, brilla como una nube blanca la cumbre de Gredos, la más gigante: ya la derecha, en la sombra, con su imponente traza de gigante solitario, se distingue ya la Peña de Francia, es el paisaje añorante de Unamuno. Es la fresca cortina del sur de Salamanca, a cuyas torres miran estas sierras.
 
Nos despedimos de la inmensa llanura ondulada, de los magnos horizontes castellanos de sol y viento. El fragoso camino de la sierra, suave y gris al principio, tómese luego y con verdor de fronda, gigantesco y descarnado al final, ha comenzado.
 
 

Serpentea la carretera patinada por caprichosos valles y laderas de viñedo, de castaños: se ven los primeros olivos. Bajo la sombras de hayas y castaños damos arribo a Sequeros.



La Peña de Francia está allí: frente a nosotros. Muy por encima de este alto páramo, descollando sola en medio de la sierra como imponente buque embarrancado. Es un amuralla prehistórica, herida por una carretera inverosímil que a modo de cornisa escala el lienzo vertical: arriba, un santuario, un gran convento, una torre.



Se divide en brazos desgajados la carretera: uno, dos, se hunden de repente al pie de la Peña: otro sigue escalando los montes de castaños.



Estamos en la Alberca. He aquí un museo de la España campestre del pasado, una villa tan vieja como Toledo, como el Albaicín. Calles pedregosas, pero pulcras, henchidas de antigüedad: pisos altos con repecho; ventanas de leño en blancura de las fachadas y frontispicios de granito, todos con la fecha y el "Ave María" gravado.



Preciosas serranillas de tez blanquísimas, claro cabello y anchas sayas, alhajadas con oro desde que saben andar. Hombres con zahones, chaqueta corta o blusa arremangada. Fuentes abundantes en cada plaza y en cada muro de granito.



Esta es la puerta alta de Castilla, el aviso de la inmediata Extremadura. A media legua de la Alberca, el puerto. La cordillera se rompe en trágicos desgarrones. 


Parece como si del angosto pendo subiera en alarido, estremeciendo estos monstruosos embudos, el murmullo de la pobreza ignota, de los dolores olvidados de las Hurdes próximas.


Estos no son paisajes: superan en magnitud y aliento físico a la traza corriente de valles, sierras, montes, ríos. Son como pedazos de planeta contemplados con ojos de águila desde la altura intersideral: son panoramas planetarios. 


El camino desciende en zigzag temeroso, dando doce vueltas en la misma pared de la ladera. Pasamos por una trinchera de corchos apilados, un oasis de castaños y alcornoques seculares, un regato riente, unas ruinas cubiertas de musgo: Las'Batuecas. 

 
Detrás de este lugar, nada. Es un rincón caprichoso del desfiladero, un cierre aparente de estos picos que desafían a las nubes. Es por aquí, el fin del mundo.


En las Hurdes. "Patronato de las Hurdes". "Factoría de Mestas". Así reza un disco indicador en la primera legua después de Batuecas. Hemos entrado en la misteriosa región, saludamos, ciertamente, no por la extraordinaria miseria, el fabuloso atraso que esperamos, sino por esa muestra grata y benéfica de que España, por fin, se acordó de su islote afrentoso, de esta mancha excepcional de salvajismo. 


Por eso vemos, ante todo el anuncio: "Factoría de Mestas"; y en la meseta de un altozano divisamos la amable estampa de un edificio rectilíneo: es la escuela, nueva, hecha "en tiempo de Primo de Rivera", lo mismo que esta carretera sorprendente que nos interna en la comarca del hambre. 


Labrada a pico -la carretera- en los flancos de pizarra de las cuestas, corriendo generosas a través de hondonadas estériles, saltando riachuelo s y arroyos abrasados, sobre puentes artísticos de cemento, es el anuncio de la redención hurdana. Un beso de generosidad dado por primera vez a esta comarca inhóspita por la España olvidadiza. 


Hoy el Patronato está disuelto. Sus principales señores, en el destierro, lanzados por el látigo de la revolución. El gobernante generoso, muerto. Los sucesores, "exigiendo responsabilidades". 


Soledad. Verdor estéril. Nada impone tanto al entrar en Las Hurdes como la soledad. Se respira el hálito espiritual de los desiertos. Solitarias las cuestas, sin un árbol ni una majada. Solitaria la hondonada, surcada de arroyos sin riberas, entre las márgenes abrasadas de pizarra. 




Ni un huerto habitado, ni un pájaro. Solitario el cielo, jamás cruzado por el vuelo majestuoso de las águilas, el raudo navegar de las palomas, el aletea de los cuervos. 


La naturaleza salvaje, dura y suave, despiadada y bella a la vez, lo abruma todo, acobarda: se impone su dilatada esterilidad al ambiente, a los hombres. 


El primer jurdano. He aquí la muestra inicial de la tribu: el habitante de la región del misterio. Camina cargado, bajo el sol pesado de estos valles angostos. Aunque de edad madura, es pequeño y aún de rostro infantil. Invita su presencia a socorrerle como a un mendigo, y así lo hacemos, sin que lo rechace. 


El automóvil reanuda su marcha por las innumerables curvas de la limpia carretera de pizarra. Admiramos entonces el panorama general, típico, de Las Hurdes. Si, admiramos. Es un panorama como no se ve ningún otro en España de tan farragosa variedad. 


No es el paisaje de breñas desnudas, de pizarras relucientes y canchales, que fuera de aquí se supone. Tampoco con tierras áridas, eriales pardos o blancas calizas como en las laderas castellanas, en desiertos de Teruel o la Mancha ...


Sólo con muy largos intervalos aparece un reducido oasis en medio de la alfombra interminable de helechos, jaras y madroñeras inútiles: un corro de olivos, castaños, algún cerezo. Junto a la orilla del río ladrillar, del arroyo riscales, del río jurdano, minúsculos rincones cultivados con patatas, alubias y algún pagujal de trigo, labrado a mano. 
De este poco viven los jurdanos. 



Las laderas no producen sino ásperos lentiscos y madroños: no hay pasto, ni ganado ni caza. Descansamos en la "pradera" -¡pradera sin pasto!- junto al riachuelo. Un enjambre de chiquillos, todos con hambre, algunas mujeres enfermizas y varios ociosos nos contemplan y participan, con avidez, que no excluye comedimiento, de nuestro yantar. 


La última visita que hacemos es para la iglesia. Pobre, aunque atendida; se advierte la mano del gran obispo Segura. "Los jurdanos -dice el párroco- la frecuentan poco". Entiende ha decaído mucho la religiosidad. Hasta hace cierto número de años el obispado mandaba curas castigados, que, presa de la desilusión o el despecho, tenían la parroquia abandonada. 


También han predicado aquí los marxistas el odio, han abusado del profundo dolor de estos pobres, diciendo hermanarse con ellos. Vocearon justicia y pan; profetizaron la ruina de supuestos tiranos ... consiguieron los votos de la crédula vecindad, y no han vuelto. 


Queda aquí la dulce desdeñada, la madre incomprendida de los hurdanos, que es la Virgen de la Asunción, patrona de la parroquia. 



Sus dolientes hijos la abandonan por recomendación de las bocas criminales que han venido a hacer presa en lo poco propio que quedaba a estas gentes: su fe sencilla, su primitivo pudor cristiano, su esperanza lúcida en un más allá radiante ... 


Queda también "la factoría de Nuñomoral" bello conjunto de una escuela nueva, de un cuartel para la Guardia Civil y de un amplio hotel sanitario, morada de médico."Todo ello construido sobre la mesa de un cotarro para iniciar la redención de los hurdanos en los años "indignos" de Primo de Rivera. 

¿Os parece -jurdanos- que merecen alabanza los españoles renegados que han roto el Patronato de Las Hurdes y merecen execración los que la fundaron, y olvido la Patrona de Nuñomoral?

Onésimo Redondo Ortega.


 

Las Hurdes ya no son lo que fueron.


La realidad de aquel valle es que estaba habitado por una raza degenerada de hombres dedicados a pedir limosna. Sus alimentos, escasos y nocivos, unido a la consanguinidad, había ido creando pequeños monstruos de baja estatura y de aspecto repugnante, aumentando por la palidez y miseria que asomaba en sus rostros. Enanismo, cretinismo, bocio endémico, eran tan solo unas de las muchas enfermedades del gran elenco común a aquellas gentes.

Este problema ya no se encuentra en las Hurdes.


Una legislación paliativa.


Para paliar esta situación, en el año 1952 fue creado en Fragosa el Cottolengo del "Padre Alegre", un ente privado de caridad que acogía y asistía a estas personas desamparadas. Igualmente, el Jefe del Estado Español, el Generalísimo Franco, visitó Las Hurdes en 1954 y proclamó a los hurdanos como ahijados suyos en un intento de "preocuparse por aquellos ciudadanos desvalidos y desprotegidos".

Esta nueva acción conllevó a la realización de proyectos para la mejora de todos los estados sociales, culturales, políticos y económicos de la zona, llevando al actual estado de prosperidad y mejorando las condiciones de vida de las Hurdes: agricultura, ganadería, artesanía, cooperativas, sanidad y alfabetismo.

Durante los años 70 amplias extensiones de las Hurdes fueron forestalmente repobladas.


Las Hurdes Tierra sin Pan.


Dicen Gubern y Hammond: “sabemos que el documental se basó en escenificaciones de los personajes organizadas según órdenes muy precisas de Buñuel, con ensayos previos y repeticiones. Es decir, se trató de una puesta en escena intensamente intervencionista y elaborada, que aleja a la obra de la espontaneidad tradicionalmente (e ingenuamente) atribuida al género  documental.” Y más adelante añaden: “En realidad, con ello Buñuel no hacía sino prolongar la tradición “constructivista” instaurada por Flaherty desde Nanuk, el esquimal, que estableció que, en la representación cinematográfica, realidad y verdad no son necesariamente sinónimos.”

Buñuel, dijo en la presentación de la película en la Columbia University de Nueva York: “Todas las tomas que van a ver ustedes en la película tuvieron que ser retribuidas. Nuestro presupuesto era modesto, pero por fortuna se correspondía con las escasas pretensiones de esta pobre gente. El pueblo de Martilandrán, que es uno de los más miserables, se puso a nuestra disposición a cambio de dos cabras que abatimos y asamos y de veinte panes de gran tamaño que el pueblo comió colectivamente en el transcurso de un almuerzo dirigido por el alcalde, quizá el más hambriento de todos.

 Eli Lotar el operador lo confirmó: “Todo está reconstruido, elaborado, interpretado. Los campesinos hurdanos interpretan como actores sus propios papeles."




El Tópico Castellano.


Frente al tópico de Castilla atrasada hay que afirmar reciamente que Castilla es culta y progresiva con una insistencia tal que elevemos este concepto a la categoría de tópico.
 

No se puede hablar del atraso de una región (las 11 provincias castellanoleonesas) que presenta un porcentaje de 21 analfabetos frente a 51, 38 y 25 de Andalucía, Galicia y Cataluña 3 . No pueden llamarse atrasadas culturalmente provincias que, como la de Santander, ocupa el primer lugar con un 12 por 100 de analfabetos, Palencia, con 15. Burgos, con 17, frente a 60, 42 y 41 de Jaén, Coruña y Valencia.Y si llegamos a los partidos judiciales, veremos que los de menor número de analfabetos son: Santander, Riaño y Murias de Paredes, con 7, 9 y 10 por 100.Respecto a las ciudades, tenemos a Santander y Valladolid, con un 4 y 8 por 100, frente a Barcelona, Vigo y Málaga, con un 11, 25 y 42 por 100.
 

Si limitamos estas observaciones sólo a los reclutas, vemos que Castilla la Vieja y León están a la cabeza, con un porcentaje de 8,6, frente a 11,1 de las Vascongadas, 20,6 de Cataluña y 38 de Galicia.
 

Estos datos abarcan a tres millones de hombres, que son los menos escuchados en España, por otras regiones que pretenden pasear una bandera separatista envuelta en el tópico de la superioridad de cultura.
 

La región castellanoleonesa, que ocupa la quinta parte del territorio patrio, no tiene estepas como Aragón, Levante, Andalucía y La Mancha. Más de la tercera parte de la superficie forestal española la posee nuestra región, en tanto que algunos de sus hijos gimen histéricamente por la aridez de la meseta norte.
 

Pero si agrícolamente no sólo los cereales y el vino la hacen rica, ¿será pobre en su subsuelo? Sin afirmar que sea Castilla un país minero, no por eso hemos de olvidar que, después de Asturias, la cuenca carbonífera León - Palencia es la más rica de España; que las minas de Santander, hoy explotadas, y las de Burgos, Soria y León, sin explotar aún, aseguran a nuestra región un porvenir minero estimable.
 

Nuestra región es llanura en gran parte, pero es también vega en el Esla, Órbigo, Duero, Pisuerga, Eresma, Carrión, etc., y es montaña en Gredos, Urbión, y Picos de Europa.

Pero ¿acaso, a pesar de nuestra cultura y de nuestra riqueza, seremos indolentes? Tampoco. Más de la cuarta parte de las carreteras españolas se hallan situadas en nuestra región, y de los habitantes incomunicados por falta de vías de comunicación en España, sólo nos corresponde un 5 por 100.

Podríamos, y con el tiempo hemos, de hacerlo, repetir ejemplos que demostrarán cómo por pereza mental muchos castellanos se conforman con aceptar las ideas de los extraños, sin preocuparse de contrastarlas con la realidad visible.


Acaso nada sea más necesario entre nosotros que una institución encargada de conocer a Castilla y de enseñarles a sus hijos cómo es y cómo debe de ser con el esfuerzo de todos.
 

LIBERTAD, que para afirmar la idea de España cree preciso izar el pabellón carmesí de los comuneros, ha de intentar, en cuanto le sea posible, iniciar esta labor educadora y revalorizadora de nuestro caudal común. 



La Misión de Castilla.


Hace luengos años que Castilla dejó las armas, cansada. Las imperiales empresas exteriores concluyeron con su ímpetu guerrero cuando llegó la hora histórica de su cancelación.


¿Habrá de tomar Castilla otra vez sus armas?


El discurso de Maura a los dos días de constituirse la primera Asamblea legislativa de la segunda República ha revelado la encarnación histórica de una nueva etapa - triste etapa- en la carrera de debilitación geográfica inaugurada para España hace siglo y medio con la pérdida del primer territorio ultramarino.


Ahora es, mejor dicho, no debilitación, sino desmoronamiento. Cataluña, miembro especial de la figura de España, reniega del Estado español: presenta coactivamente un Estatuto no sólo separatista, sino vejatorio. separatista, sí: es una candidez demasiado liberal y una ingenuidad excesivamente republicana aceptar que las hermosas expresiones de afecto fraternal usadas por los caudillos de allende el Ebro sean cosa más apreciable que las hueras amabilidades de una diplomacia extranjera. Triste amor el que requiere tan cotidianas declaraciones.


Separatista, también, el Estatuto, porque para "primer paso" son abrumadores los privilegios que contiene: cesión total de las principales fuentes de ingresos -y no de las principales cargas -; una situación preeminente de la lengua catalana; otra superioridad manifiesta de los hijos de madres Catalanas para el servicio de la guerra; enseñanza, orden publico,tribunales...


Otorgando todo esto, como parece inevitable, según Maura, ya podemos saber por la experiencia masónica lo que vendrá después: rozamientos y acritudes, que no faltará dentro y fuera de España quien fomente. Y entonces, con un poder central claudicante, como queda con el Estatuto, ¿no vendrán nuevas concesiones?
 

Observemos las circunstancias de insospechado oprobio para España en que hoy tanto concedemos: La región semisoberana impone a unas Constituyentes tan hinchadas con su presunta plenitud de soberanía el "todo o nada", que es la primera rebeldía de Cataluña contra lo pactado - secretamente- hace un año. Y junto a esta rebeldía política, que hace claudicar a las cortes, se presenta la rebeldía social, ante la que ya había claudicado el Gobierno.

Cataluña está, pues, encaminada a la independencia. Y es terminante que esto no puede consumarse sin que sucumba España. 


Por eso creemos que Castilla, la única región que nada pide a España, porque es la que verdaderamente siente la responsabilidad del vivir hispánico, se verá obligada a tomar las armas. Pero no contra los catalanes, que eso sería una funesta desorientación, sino contra los políticos de acá y de allá que hacen posible el crimen histórico; no contra los pobres votantes de un sufragio universal que nos llevará a la ruina, sino contra los que han preparado ese sufragio y a su sombra despedazan a España.

Castilla tiene la misión de salvar a España y de ahogar a todos los traidores, sean periodistas, sean diputados, sean reyes, sean ministros.
(Onésimo Redondo. Anónimo. Libertad. núm. 8, 3 de agosto de 1931,).








Castilla Desamparada: El Trigo. Las Estadísticas



Castilla no Existe


NO queremos unir nuestra voz a la de las plañideras castellanas, que son casi todos los hombres de levita y casino, tenidos comunmente por padres de la región. Estamos hartos de oír los clamores fúnebres de los impotentes, llorando ver a Castilla como la región más despreciada por el Estado nodriza, por los Gobiernos despenseros del presupuesto.


Abominemos de una vez para siempre de esos papás menguados que atribuyen la decadencia de Castilla al desamparo en que Madrid nos tiene y la prosperidad de Cataluña al mimo del Arancel exclusivamente.


Uno y otro hecho, que no negamos, serán, cuando más, el reflejo oficial de otro más importante Del único pecado a que los hombres jóvenes, con ansias creadoras y alma realmente revolucionaria, deben atender, y es éste:  


Castilla está desamparada, ante todo, de sus propios hijos. Castilla languidece porque empieza por no existir para los mismos que la, habitan. 

Una región no puede llamarse tal solamente por haber heredado del pasado su nombre, aunque suene tan recio e imperial como el del suelo que nos vio nacer; ni porque estén encerrados sus anchos, pardos y monótonos valles por altas cordilleras que la separan del resto de la Península; ni porque haya parido algunos poetas que la ensalcen...

Todo esto lo tiene Castilla, y, sin embargo, no existirá corno región mientras sus hijos no la creen con un esfuerzo vigoroso de la inteligencia y un rabioso tesón en las afirmaciones.


Lo primero para que nuestra región surja entre los países hispánicos que se preparan a hacer afirmación de su personalidad es que conozcamos los castellanos su figura. 


Y como es menester dejarse en estos momentos de juegos florales y demás lirismos sin contenido práctico, afirmamos que conocer a Castilla es conocer a fondo sus problemas vitales. Que es lo que nunca han procurado los papás de levita y casino, los cacicones, cacicoides, señoritos influyentes y clérigos poltrones que, para desprestigio del país, ocupan en el ámbito de las 11 provincias campesinas el patronazgo de la política y la cultura. 
 

El Problema del Trigo


Ahí tenemos el auténtico problema regional de la crisis triguera: dos años llevamos gimiendo sobre la ruina de los precios, lanzando imprecaciones a Madrid y saetas a Cataluña por las presuntas importaciones, y todavía no sabemos a ciencia cierta ni el trigo que la región produce, ni el que exporta un año y otro y se reserva para su consumo. 



No hay Estadísticas.


Vamos a dejar a un lado, porque mejor es no hablar de ello, el admirable esfuerzo tipográfico del viejo diario local que cada año dedica un pesado número al trigo y a las parvas. El hecho, innegable, de que tan abominable engendro estadístico llame la atención en España da la medida de nuestra raquítica cultura regionalista. 


Esas estadísticas falsas era cien veces mejor para los intereses agrarios que no se publicaran (1), y, por el contrario, una estadística veraz, es la primera condición para que el pavoroso problema triguero deje alguna vez y para siempre de serlo. Los grandes males, grandes remedios exigen. 

¿Estamos convencidos de que la ruina del mercado triguero es el más grave problema que tiene planteada la economía castellana, de tal modo que depende la vida misma de los labradores de ese asunto...? 

Pues si es ésa la formidable realidad, pongámonos a estudiarla sin descanso, no regateando medios para conocer el mal y todas sus raíces, porque la primera condición para recetar es diagnosticar con acierto. 

Hay que llegar a conocer con exactitud, por los dedos de la mano, dónde va - o dónde se queda - cada fanega que Castilla produce; basta de estadísticas burdas, entretejidas con el mayor aburrimiento e irresponsabilidad por un secretario facilitón o por un periodista sin escrúpulos.

Debe ponerse mano sabia y mano dura en la confección de estadísticas. Y deben producirse por diversos métodos hasta conseguir un control perfecto y poder imponer sanciones fuertes a los que hubieren faltado a la verdad o hubiesen cumplido con negligencia su cometido. 





Es Primordial la Estadística del Comercio.


Nosotros proponemos que, ante todo, se ponga especial cuidado por los organismos oficiales en confeccionar la estadística completa del comercio de trigo EN CADA PUEBLO.

De un año a otro debe saberse al detalle el movimiento total de lo producido en cada término municipal: Qué numero de cargas van al molino, cuántas al acaparador o corredor, cuántas al rentista forastero y cuántas quedan en las paneras. Nosotros proponemos que se llegue incluso a establecer guía obligatoria para el movimiento de cereales.

Consumada con rigor esta verdadera contabilidad. en la que hay una cuenta para cada municipio, conseguiremos inspeccionar de cierto las estadísticas que cada verano se hubiesen hecho de la producción y moralizaríamos - que es lo primero - la confección de éstas, imponiendo duras sanciones a los que fuesen responsables de su falseamiento.

Tendríamos la base principal - completada con el conocimiento del comercio de harinas - para formalizar una verdadera estadística del consumo.


Como vamos a seguir ocupándonos, metódica y progresivamente, del problema triguero, hacemos punto final a este trabajo. Recalcamos solamente antes de terminar la importancia primaria, urgentísima y permanente de la buena estadística. Para resolver un asunto de comercio es la estadística lo que la calidad del suelo para saber lo que en él hay que sembrar.

Crean nuestros agricultores que el problema del trigo, así como no es de hoy, no se acabará en un día con un par de decretos. No se puede hacer fuerza sobre ningún Gobierno. ni aun disponiendo de la "Gaceta" puede resolverse con acierto el problema, si no tenemos por delante su planteamiento claro y ordenado, iluminado por los números. 


Un buen estudio vale más que muchos mítines. LIBERTAD se propone acometer ampliamente el estudio a fondo del problema triguero. Llama a sus columnas a cualquiera que sepa algo que ínterese saber a todos, aunque no sea más que el número verdadero de las fanegas que se cogen en su pueblo. 
(Onésimo Redondo. Anónimo. Libertad, núm. 1, 13 de junio de 1931.) 





¡Castilla Salva España!


Sea éste el grito de la nueva revolución.

¡Castellanos!. ¿No veis a España en la pendiente de su ruina? La política, ese arte infame de odiar con pasión al que sustenta opuestas opiniones y de escalar el mando triturando al adversario con el pretexto de salvar a la Nación, ha acechado siempre la vida de España, ha paralizado sus energías y está a punto hoy de dar fin de la Patria.


Nunca como en esta hora se agravaron todos los males nacionales, porque nunca los políticos y periodistas alcanzaron tan desaforado albedrío. La instauración plena del régimen socialista parlamentario hace posible la flotación de los más bajos fondos, el encumbramiento de las ideas y los hombres más insensatos.

Esto explica que por todas partes, al son de grandes voces de libertad y justicia, se respire disolución y muerte: la autoridad se mide difícilmente con la insurrección; las regiones escupen contra el Estado el insulto de la tiranía; el signo monetario representa la quiebra de un régimen recién ensayado; las actividades productoras se retraen, el patriotismo aparece excluido en la opinión pública y los peores instintos han encontrado su época...

¡Castellanos! 


Traidores son los que todavía quitan importancia a tan catastrófico período: el que no sienta alarmado todo su ser es indigno hijo de España.  

No se puede permanecer entregado fríamente a los intereses propios, mientras el interés de todos, que es la defensa del Estado y la conservación de nuestra Sociedad, amenazan derrumbarse...

Castilla, por fortuna, ni siente el despego suicida de los rebeldes países litorales, ni está enloquecida por el ansia de justicia social que consume a la España del Sur. Sólo aquí el pueblo siente la responsabilidad del vivir nacional, como víctima que fue siempre, y no responsable, del desgobierno, y como región que concibió e hizo la España grande.

El momento histórico, jóvenes paisanos, nos obligará a tomar las armas. Sepamos usarlas en defensa de lo nuestro y no al servicio de los políticos.Salga de Castilla la voz de la sensatez racial que se imponga sobre el magno desconcierto del momento: use de su fuerza unificadora para establecer la justicia y el orden en la nueva España.
(Onésimo Redondo. Anónimo. Libertad, núm. 9, 10 de agosto de 1931.-Reproducido en Onésimo Redondo, págs. 20-21.)





lunes, 21 de marzo de 2016

Mercedes Sanz Bachiller y Auxilio Social



MERCEDES SANZ BACHILLER



Procedente de una familia bien vallisoletana, quedó huérfana a los catorce años y entró a estudiar interna en un colegio de monjas francesas de Valladolid. En 1931 se casó con Onésimo Redondo, uno de los fundadores de La Falange. En el año 1936 tenía ya tres hijos y estaba embarazada del cuarto.

A la semana de comenzar la guerra, su marido fue asesinado. La noticia le hizo perder el hijo que esperaba. Con este trauma personal a cuestas, ideó y fundó el Auxilio Social, una institución creada para ayudar a los niños y mujeres de ambos bandos víctimas de la guerra.

Soy madrileña de Chamberí. Por casualidad, porque mis padres fueron una temporada a Madrid por negocios. Mi historia es francamente triste. Me quedé huérfana a los catorce años. Mi padre murió cuando yo tenía tres años y un poco después murió mi madre.

Mis padres estaban separados, algo un poco raro para la época. Mi padre era un hombre de una inteligencia privilegiada y con una imaginación extraordinaria. Debió morir con treinta y pocos años, y ya había ido tres veces a Argentina. Esto ahora es normal, pero entonces no lo era. Se tardaba un mes en ir a Argentina. Era un espíritu inquieto, un aventurero con ganas de conocer el mundo y de no quedarse en el pueblo. Nació en Montemayor de Pililla, en Valladolid.

Mi madre era una mujer de terruño. Muy amante del campo, pero del campo de labrar. Mi familia era gente de fincas y de mulas y vacas. Yo continué con esa afición. Luego tuve la suerte de casarme con Onésimo, que también era un hombre de campo. Primero hizo las oposiciones a abogado del Estado, pero le suspendieron en el último ejercicio, injustamente, en mi opinión, porque ya estaba totalmente involucrado en una línea de derechas. Entonces se dedicó a organizar el sindicato de remolacheros de Castilla la Vieja.

En esos días los fabricantes de azúcar abusaban de los agricultores y pagaban la remolacha a muy bajo precio. Onésimo creó un sindicato que reunía a todos los agricultores (de Valencia, Zamora, Valladolid, Segovia...) y se pusieron de acuerdo para no sembrar en todo un año. El equivalente a una huelga. Eso puso a las fábricas en una situación difícil. Al final llegaron a un acuerdo y se empezó a pagar más del doble de lo que se estaba pagando anteriormente por la tonelada de remolacha.

Mi madre murió cuando yo tenía catorce años. Yo había ingresado interna en el colegio de las monjas francesas a los nueve. Creo que mi madre ya no se encontraba muy bien y quiso que estuviese habituada al internado para que cuando ella desapareciese el tránsito fuera menos duro. Mi tutor era un hombre muy recto y frío. Bellísima persona y muy caritativo, pero no era cariñoso. Así es la vida. El problema fue que no tenía casa. Bueno, casas tenía, era propietaria de casas, pero no tenía hogar.


Es muy distinto una casa a un hogar. Era una chica de catorce años sin padre, sin madre, sin hermanos, sin tíos, sin abuelos... sin nada. ¡Qué iba a tener! Además, mis casas eran de muchas habitaciones, con paneras, corrales, bodegas... imposible vivir sola ahí. Eso sí, tenía muchas amigas. Yo era simpática, abierta y estaba ávida de cariño. Las niñas me adoraban. Todo el mundo decía: «Merceditas puede venir el domingo a casa».

Se salía un domingo sí y otro no, y todas se peleaban porque fuera a su casa el domingo que me correspondía. Pero mis grandes amigos, los que me acogieron en su casa y fueron como mis segundos padres o mis tutores, fueron los Alonso Las Heras Pimentel, una familia de Valladolid muy importante, que habían sido ya amigos de mis bisabuelos por asuntos de fincas y cosas de esas. Vivían en una casa que era del Banco Hispanoamericano.

Un hermano de Onésimo, el mayor, era el director del banco y, como tal, tenía derecho a un piso en la misma finca. Era una casa magnífica y muy bonita. En la puerta de al lado vivían los Alonso Pimentel. Los domingos que me tocaba iba a su casa llegaba siempre a la hora de almorzar y, a esa misma hora, llegaba Onésimo, que vivía con su hermano. Siempre coincidíamos en el ascensor.

Un día Onésimo le dijo a don Millán Alonso Pimentel: «Viene de vez en cuando a casa de usted una chica con uniforme negro... Es tan mona, que la querría yo conocer». Y él le contestó: «Pero si es que le conviene a usted como novia esa chica». «Pero si no la conozco», dijo él. «Mire, es una chica huérfana que está interna en las francesas, que es el mejor colegio de Valladolid. El sábado que viene pase usted a tomar café y así la conoce». Don Millán era, además, el presidente del sindicato remolachero, de manera que conocía muchísimo a Onésimo. Ese sábado apareció y, después de tomar café, me dijo: «¿Tú vas a misa?» «Sí, todos los días» contesté. «Pues yo también. ¿Y a que misa vas?» Afirmé: «Voy a misa de nueve a los jesuitas». Me dijo: «Pues nada, mañana nos vemos allí». Al día siguiente nos vimos en misa. Yo tenía entonces 18 años.



En aquella época, para poder comulgar no se desayunaba. Íbamos en ayunas y, generalmente, cuando un chico quedaba en verte en misa, tenía luego la delicadeza de invitarte a desayunar un chocolate con churros o algo así. Era un momento feliz para una chica. Así que me invitó a desayunar y luego me dijo: «¿Por qué no damos un paseo por aquí, por el Campo Grande?» Y mirándome, mirándome, me preguntó: «Oye, Merceditas, ¿tú te querrías casar conmigo?» ¡Así lo dijo! Entonces me quedé mirándole y le dije: «¡Pues sí!»

Onésimo era un hombre apuesto, moreno, tenía en aquel momento 25 o 26 años. Tenía los hombros más bonitos que los de su amigo José Antonio Primo de Rivera, que era un poco más caído de hombros. Yo le veía muy atractivo. Además, yo estaba tan sola... sin padre, sin madre, sin nada, que cuando me dijo aquello, me gustó y pensé: «De todas maneras, en estos meses también puedo reflexionar y decir que no más adelante. Todavía no vamos al altar, así que hay tiempo».

Fueron poco más de seis meses de noviazgo. Yo me enamoré realmente de Onésimo por sus cartas. Tuvimos un noviazgo en el que él tenía muchísimo trabajo con el sindicato. Viajaba sin parar y las cartas que me escribía eran literariamente tan bonitas... Una manera de expresar el amor y la bondad... Porque él era una persona muy virtuosa en todos los sentidos y, además, era apuesto, algo que siempre gusta a una mujer. Yo tenía 18 años y tampoco estaba mal.

Nos casamos el 11 de febrero de 1931 y el 10 de agosto de 1932 se produjo el movimiento militar de Sanjurjo. A Onésimo le vinieron a buscar y le dijeron: «Vete de España, porque van a venir a matarte». Él no había formado parte del movimiento, porque no era militar, pero sí era simpatizante. Se marchó a Portugal, a Curía, y, poco después, fui yo. Hasta que me marché estuve viviendo ocho días en una finca de los Calero. Era una finca de secano a la que se accedía por un camino de tierra. Si venía un automóvil, levantaba mucho polvo y se veía de lejos. Entonces me escondían en la buhardilla.

Cuando llegué a Portugal, los jesuitas nos dejaron una de sus habitaciones. Onésimo era abogado, pero esos días sólo cobraba lo poco que le llegaba del sindicato remolachero. Bueno, también tenía lo del bastanteo que hacía para el banco de su hermano, consistía en hacer una valoración del patrimonio de la gente que moría. Se pagaba muy poco, pero bueno, también la vida era distinta y éramos jóvenes.


Yo estaba siempre regateando con las portuguesas. «Un coello, que era un conejo, tres escudos». Y yo les decía: «¡Con uno y medio tienen de sobra!» Esos años salió mucha gente de Madrid por miedo. Era gente de dinero que vivía en el hotel de Estoril a todo lujo. Nosotros vivimos primero en el hotel Londres gracias a las rentas de mi patrimonio, pero al poco tiempo, ya no podíamos gastar tanto y nos fuimos a una pensión muy buena.

Los portugueses son muy respetuosos con quienes tienen una carrera universitaria. El doctor Onésimo era para ellos una persona importante. Le llamaban el Señor Doctore. Íbamos a tener una niña, mi hija, que tiene ya setenta años, la actual condesa de Labajos. Nació en una pensión y, además, con fórceps y sin ninguna anestesia, ¡y con un cuarto de baño que tenía que compartir con alguno de los otros señores de allí! He pasado muchas cosas. ¡Y que todavía la gente me criticase después por casarme de nuevo!

Onésimo murió el 24 de julio en el pueblo de Labajos. Lo mataron una semana después de producirse el alzamiento militar. Yo creo que fue una cosa preparada. No sé. Hay un gran misterio alrededor de esto. No se sabe si hasta lo asesinó alguien casi nuestro... Es una barbaridad decir esto, pero José Antonio estaba en la cárcel, había cierta rivalidad entre las JONS y La Falange, y la verdad es que Onésimo el día anterior había ido y vuelto sin tener ningún problema.  (Hoy se sabe que se toparon con una columna republicana dentro de la zona nacional debido a que el frente no estaba aún establecido)


Iba al Alto del León a dar ánimo a los combatientes falangistas. Fue en coche con su escolta, bueno, con un chico, porque a él no le gustaba llevar escolta, con el conductor, que era un íntimo amigo, y con su hermano Andrés Redondo, que luego lo sustituyó como jefe de La Falange. Ellos tres se salvaron, se metieron por los trigos y pudieron escapar. Pero él no, porque, además, les hizo frente.

Sucedió así: Al llegar a Labajos les pararon unos individuos que iban en un camión vestidos con camisas azules (monos azules de trabajo). Dijeron que eran de la columna de Mangada, pero la verdad es que no se sabe quienes eran. Se detuvieron, porque el camión de los milicianos estaba atravesado en la carretera, de manera que el coche no podía continuar. Entonces empezaron a pegarles tiros.

«¡Al de los cordones! ¡Al de los cordones!», gritaban. Lo decían por Onésimo, que llevaba cordones. Primero le hirieron en las piernas y cayó. Desde el suelo, les decía a sus asesinos:

«Estáis confundidos, yo no vengo en contra vuestra. Yo vengo a liberaros de muchas cosas que no son justas. Jamás mataré a un hombre con alpargatas».


Eso lo decía siempre, porque la alpargata era el calzado habitual de la gente más humilde. Entonces dijeron: «Dale en la cabeza». Y lo remataron. Lo dejaron tirado en el suelo, cubierto de sangre. La vida es así. Hacía tres días que había salido de la cárcel de Ávila.

Me quedé viuda con 25 años. ¡Era una niña! Y con tres hijos. Había tenido ya un aborto y cuando me enteré de que lo habían matado perdí también el hijo que esperaba. De manera que tuve cinco embarazos en cinco años y medio y, además, otra vez estaba sola. O sea que la guerra, para mí, tuvo siete días de felicidad. ¡Qué poco me duró la felicidad! En esos primeros días pensábamos que la guerra iba a durar una semana o una batalla, poco. Jamás pensamos en una guerra civil. Yo enseguida me puse a trabajar.

Como creíamos que sería una cosa breve, al Auxilio Social le pusimos el nombre de Auxilio de Invierno. Javier Martínez de Bedoya era ya mi más estrecho colaborador, pero no éramos novios ni nada. Viví los tres años de guerra dedicada en cuerpo y alma a Auxilio Social. Después de la guerra, en el año 1939, me casé por segunda vez con Javier. Yo tenía ya 29 años. Mi boda fue muy criticada, porque yo entonces era la viuda de un héroe. En aquel momento, a Onésimo se le consideraba un héroe con una gran exaltación y con un gran reconocimiento. Sin embargo, hoy ya casi nadie sabe quién es Onésimo Redondo.

Javier era un discípulo de Onésimo. Trabajábamos juntos y nos enamoramos. Tenía un año menos que yo y cinco menos que Onésimo; era mucho más joven. He sido felicísima con él. Hemos cumplido cincuenta años de matrimonio, que ya es raro. Era hijo de un notario y cuando le dijo a su padre: «Mira, me voy a casar con Mercedes», él le dijo: «Ya sabes lo que queremos a Mercedes en esta casa, la queremos muchísimo, pero piensa, hijo mío, que tiene tres hijos, y te quedas con una carga grande». Él dijo: «Eso es precisamente lo que me lleva al matrimonio. Quiero ser el padre de los hijos de Onésimo. La persona que más he querido en este mundo y que más admiro».

El 30 de octubre de 1936 se inauguraron ocho comedores de Auxilio de Invierno. Era tal la fe que se tenía en la guerra y tan grande el deseo de liberarnos del comunismo, que la gente no es que respondiese con toda su alma, respondía con todo su corazón, con toda su mente y con todo. Así es más fácil hacer las cosas. Recibí ayudas y colaboración de todo el mundo.

Mi única enemiga, porque fuimos un poco enemigas, fue Pilar Primo de Rivera. Son pequeñas cosas que hay en la vida. Nos queríamos mucho, pero tuvimos problemas porque ella era muy absorbente y yo era mujer y tenía el Auxilio Social y ella quería que todo lo que hiciese una mujer le perteneciera y eso no era así. Yo siempre digo que era más inteligente de lo que parecía. No era tonta y estaba preparada. Era la hija de un dictador y en su casa no se respiraba precisamente un ambiente analfabeto, sino todo lo contrario. Pero era mucho menos humilde de lo que la gente creía porque la veían vestida, no mal, descuidada. Yo consideraba que la mujer debía ser siempre femenina, pero ella no. Tenía un poco de calva la pobrecilla, pero no era tan fea. No era ni tan tonta ni tan humilde. Era descuidada. Es una cuestión de coquetería.

Dicen que yo copié el Auxilio Social de Alemania. Mi idea original fue dar de comer a los niños de España. Yo no había estado nunca en Alemania, y, además, como se puede comprender, de julio a octubre no me moví prácticamente de Valladolid. ¡Si no se podía pasar! ¡Estábamos prácticamente en guerra mundial! Surgió de una manera espontánea. Yo pensaba: «¿Cómo vamos a permitir que los niños pasen hambre?» Pasaban hambre sencillamente porque sus padres habían sido rojos y estaban en la cárcel o porque sus padres habían muerto en el frente. Lo merecieran o no, así era. Entonces pensé: «¿Quién llevará el pan a esos hogares? Nosotros tenemos que sustituir esto por algo que ayude a estos niños a comer».

Para mí, entre los niños no hay rojos, ni blancos, ni azules, ni morados. Para mí, el niño es el niño, sea de la clase que sea, y lo mismo me da que proceda de una familia anarquista, que su padre esté en la cárcel o que haya muerto en el frente. Más motivo para darle de comer. Entonces se nos ocurrió la idea de las huchas. Eso sí fue por imitación. Javier lo había visto en Alemania y se le ocurrió copiarlo. En nuestras huchas ponía «Auxilio Social» con unas letras que nos había hecho un dibujante alemán. Parece una bobada, pero era importante que estuvieran bien diseñadas, con un emblema que se viera bien y que la gente reconociera. Hoy esto está a la vista de todos pero entonces todavía no. Con esto se recaudó mucho, pero no era suficiente, de modo que creamos «la ficha azul», una especie de suscripción que te pasa el banco y no te das ni cuenta. Con eso, poquito a poco, se hace mucho. Luego, además, tuve una importantísima ayuda del exterior. Eso sí que lo monté yo, con Carmen de Icaza.

Carmen de Icaza, era mayor que yo y guapísima. Era hija de un embajador mexicano que se había casado con una española, una mujer muy rica y muy guapa, que dicen que fue el amor de Alfonso XII. Conocía a muchísima gente; había vivido en Alemania siendo su padre embajador. Hablaba muy bien el alemán y el inglés. Yo dominaba el francés. Con ella organicé los Comités de Ayuda a Auxilio Social. Uno de los comités estaba presidido por la reina Victoria Eugenia, que vivía en Londres. La finalidad de esto era que la gente del extranjero colaborara, porque en aquella época nuestra guerra era una de las cosas más importantes que estaban pasando en el mundo, de manera que si se organizaba un garden party o una obra de teatro, se hacía a beneficio de Auxilio Social.

También se hacían rifas presididas por personas importantes, que son las que tienen amistades, lo lógico. También me ayudaron mucho los cuáqueros. Son una especie de religión que no son ni católicos ni judíos, pero son amigos de la humanidad, de los necesitados. Son muy generosos. Sólo nos pusieron una condición: que la misma ayuda que diesen para la zona nacional la querían hacer para la zona roja. A mí me pareció bien. Para mí todos eran españoles. Entonces, de cada barco que llegaba a Alicante, la mitad era para Auxilio Social y la otra mitad para la zona roja. A medida que se iba extendiendo la zona nacional, nos correspondía una proporción mayor de lo enviado. Esto no fue cualquier cosa. Tuvimos barcos enteros, ¡barcos! Es bonito y también es historia.

Una cosa verdaderamente tremenda fue encontrarme con muchas niñas y jóvenes que se habían quedado embarazadas de los soldados. Unos serían de la parte nacional y otros de la parte roja, daba lo mismo. Entonces hicimos una maternidad. Con esto también tuve problemas con Pilar Primo de Rivera. En aquel momento eso de ser madre soltera estaba bastante mal visto. Los conventos y las instituciones religiosas, de las que también sufrí muchas críticas, no las acogían porque no tenían fondos, y por otros motivos. Entonces, estas mujeres venían a mí, y Pilar se indignaba. Yo le decía: «Piensa que tú eres soltera y que no has pasado por la experiencia de tener hijos. ¡Que yo he tenido cuatro, hija mía! Y entonces, una chica de este tipo, cuando se acerca a mí, me habla, o yo le puedo hablar, de una manera que tú no puedes: primero, porque algunas cosas las desconoces y, segundo, porque hasta te da cierto pudor. En mí confían de una manera más amplia, así que tenemos que poner esa maternidad». Yo creo que llegó a comprenderlo. Pilar sólo me llevaba dos años, pero no era cuestión de la edad. Eran mi experiencia y la suya, que era nula. Yo era una mujer muy moderna para mi época, quizás porque mi formación era francesa y Francia siempre ha ido un paso por delante.

Cuando terminó la guerra en el año 39 me casé y, a los diez meses, tuve otra hija, de manera que para mí la vida cambió totalmente. No obstante me han seguido ocurriendo cosas interesantes y he seguido conociendo a mucha gente.

Al acabar la guerra, Franco se encontró con una España deshecha, quemada por todas partes, y lo primero que tuvo que hacer fue reparar las vías de comunicación, los edificios y dar de comer a la gente. Tuvimos ayudas, claro. Una de ellas de Argentina. Vino Eva Perón y me encargaron atenderla todo el tiempo que estuviera en España. Era una mujer interesante. Era fuerte, orgullosa de haber triunfado, porque no cabe duda de que triunfó y, claro, como había sido vedette, tenía cierta coquetería. Hacía preguntas interesantes. Me acuerdo que me dijo: «¿Usted qué cree: Es mayor la mortalidad entre los hijos de las mujeres que trabajan, o entre los de las que no trabajan?»

La guerra fue absolutamente inevitable. Toda Asturias estaba armada, pero armada en milicias organizadas. Y Rusia quería apoderarse de España. La prueba es que sin la ayuda de Rusia la guerra no hubiera durado ni un mes. Lo que me da pena de la juventud actual es que no pueda comprender la Guerra Civil. No era, ni mucho menos, un deseo de ir unos socialistas frente a unos falangistas... No era eso. La Guerra Civil fue una estrategia, sobre todo de Rusia, que entonces era la gran potencia, para apoderarse del Mediterráneo.

Nosotros hicimos la guerra para que España no fuese una Albania. Para eso la hicimos. Los que nos levantamos lo veíamos así. La fe, el entusiasmo y el horror de entrar en el comunismo hicieron milagros. Se ganan muchas batallas por amor y por decisión.



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